Siento en mi cara la tibieza de tu mano mientras todo es caos, mientras todo es locura, mientras todo es guerra. Guerra de luz y de sonido; todo moviéndose a nuestro alrededor, masas de gente, gentes y masas, gente que no parece gente, que amasa y arrasa. Y ahí estas tú, tan quieto, tan ido, tan afuera de todo, y tan adentro mío. Tú, concentrado en mis gestos, en mis movimientos, estudiándome, convenciéndome adentrándote y avanzando. Y yo sin dejar de moverme te hago pensar que soy parte del caos, que engaño nene, que engaño. Yo no pido nada que no pueda entregar. Y cierro los ojos y viene la guerra, y el cuerpo es latido, sudor y deseo. Y vuelve de nuevo este presentimiento que arrastra constante el veneno de siempre. Veneno vacío, el que llena y arrasa dichoso él, vuelve y saluda, feliz se reencuentra conmigo, con su mueca burlona que ya no me daña. Y entonces, esta historia de dos, tan corriente, tan noved...