Cuquita
Mi abuela murió. Era una mujer suave pero firme, terca como ella sola, sin embargo, su porfía la envolvía en su sedosa y aterciopelada amabilidad. Su corazón dijo: "Basta, dame un respiro, no quiero más!" y la abandonó dulcemente un frío jueves de madrugada.
En el funeral estábamos todos y sencillamente le hablé, podría haber seguido sin parar, pero en este mundo las cosas se mueven en el tiempo...
“Nada puede ser amado si antes no es conocido”…
Anoche, al regresar a mi casa, después de haber vivido un día muy diferente a los demás, un día de emociones, recuerdos, nostalgias y consuelos… me puse a pensar en la frase que
En el funeral estábamos todos y sencillamente le hablé, podría haber seguido sin parar, pero en este mundo las cosas se mueven en el tiempo...
“Nada puede ser amado si antes no es conocido”…
Anoche, al regresar a mi casa, después de haber vivido un día muy diferente a los demás, un día de emociones, recuerdos, nostalgias y consuelos… me puse a pensar en la frase que
acababa de oír días antes: “Nada puede ser amado si antes no es conocido”…
Y caí en cuenta de todo el amor que día tras día dedicó nuestra "Cuquita" a cada uno de nosotros. Nos conocía, sabía de nuestras necesidades y carencias, se anticipaba a cubrir muchas de ellas; incluso en ocasiones, decidía por nosotros, tomando fuertemente el cetro de su autoridad. Una autoridad llena de preocupación por nosotros. Creo ser la voz de mi familia al decir que sentimos de corazón que mi abuela se dedicó incansablemente a sostener la unión familiar de sus hijos, nietos y bisnietos. Con su gran tozudez y empeño, dentro de su estampa de mujer dulce y amable, suave y delicada.
No olvido aquellas veladas familiares en las que ella se empeñaba por atender a todos, en cocinar mas de la cuenta, en no sentarse jamás para no quemar las sopaipillas o las empanadas…. Esa era nuestra Cuquita: Una madre y una abuela, cariñosa, pequeñita y criticona; pero con un corazón lleno de amor para cada uno de nosotros.
Fue pasando el tiempo, los nietos fuimos creciendo y nuestras vidas y problemas, en muchos momentos fueron relegando el vínculo que ella forjaba sin cesar.
Hoy quiero, en nombre de todos mis hermanos y mío, darte las gracias Cuquita y decirte que siempre vives en nosotros, porque una parte importante de tu siembra ha germinado en quienes te conocimos y te amamos.
Hasta pronto Cuquita.
Y caí en cuenta de todo el amor que día tras día dedicó nuestra "Cuquita" a cada uno de nosotros. Nos conocía, sabía de nuestras necesidades y carencias, se anticipaba a cubrir muchas de ellas; incluso en ocasiones, decidía por nosotros, tomando fuertemente el cetro de su autoridad. Una autoridad llena de preocupación por nosotros. Creo ser la voz de mi familia al decir que sentimos de corazón que mi abuela se dedicó incansablemente a sostener la unión familiar de sus hijos, nietos y bisnietos. Con su gran tozudez y empeño, dentro de su estampa de mujer dulce y amable, suave y delicada.
No olvido aquellas veladas familiares en las que ella se empeñaba por atender a todos, en cocinar mas de la cuenta, en no sentarse jamás para no quemar las sopaipillas o las empanadas…. Esa era nuestra Cuquita: Una madre y una abuela, cariñosa, pequeñita y criticona; pero con un corazón lleno de amor para cada uno de nosotros.
Fue pasando el tiempo, los nietos fuimos creciendo y nuestras vidas y problemas, en muchos momentos fueron relegando el vínculo que ella forjaba sin cesar.
Hoy quiero, en nombre de todos mis hermanos y mío, darte las gracias Cuquita y decirte que siempre vives en nosotros, porque una parte importante de tu siembra ha germinado en quienes te conocimos y te amamos.
Hasta pronto Cuquita.

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